Tratar la diversidad sexual con los hijos

TERAPIA FAMILIAR - PSICÓLOGA EN SEVILLA: AINARA AGUIRRE

¿cÓMO Tratar la diversidad sexual con los hijos?

Cuando se plantea la cuestión de hablar de sexo a los hijos, se me viene a la mente la escena familiar, múltiples veces repetidas en series americanas, en la que los padres le dicen a los hijos "tenemos que hablar", mientras se sientan todos en el sofá de casa. En la vida real esto suele darse así, aunque sería mejor que ocurriera así que no hablar en absoluto.

Mucha gente refiere que la única educación sexual que recibió de sus padres fue: "ten cuidadito", al salir de casa. La sexualidad ha sido durante muchos años, y sigue siendo tratado en algunos como "caso especial", mucho más si hablamos de diversidad sexual. Son temas que pasan a tener una consideración diferente a los que habitualmente tratamos y el bombardeo de opiniones y noticias que leemos al respecto, no hace más que complicar el asunto.

Por ello, para responder a la pregunta sobre cómo tratar estos temas con nuestros hijos, sólo tenemos que observar cómo tratarnos al resto de cuestiones con ellos.

Seguramente no demos una charla magistral a nuestros hijos antes de salir de casa sobre qué tienen que decir al saludar a alguien, cómo comprar en una tienda, o cómo tienen que hacer amigos. Vamos enseñando estas cuestiones en la interacción de nuestros hijos con los demás y a través de las preguntas que ellos nos hacen, intentando siempre adaptarnos a su lenguaje. El rechazo a la diferencia es una construcción cultural, por lo que lo natural será la aceptación de que existen diferentes formas de familia, por ejemplo. Lo que sí puede generarle dudas es porqué algunas personas no ven bien que dos hombres o porqué los compañeros de colegio se ríen si a un niño le gustan las muñecas. Puesto que lo difícil no es comprender que la realidad es diversa, puesto que estamos preparados para ellos, sino porqué algunas cosas se han clasificado como permitidas y otras como no aceptadas. No debemos olvidar que los niños suelen estar más desprejuiciados de base que los adultos y que tienen gran plasticidad para incorporar información nueva.

En la mayoría de los casos, ellos mismos no sabrán o no tendrán claro qué es lo que sienten. Puesto que los niños dejan fluir los sentimientos de manera más libre que los adultos, pero no cuentan con categorías para clasificarlos. Si nuestro hijo comenta que le gusta un compañero, puede que se esté refiriendo a que le gusta pasar tiempo con él o que lo admira, pero también puede ser que se sienta atraído por él. Esto lo sabrá y llegará a tenerlo claro con el tiempo. No hay que forzar la situación. Las categorías pueden ayudarnos a definir la situación: gay, lesbiana, transexualidad, pero la realidad es más amplia que éstas, por lo que la variedad de expresiones no debe agotarse en lo que entendamos que estas definiciones significan. Lo fundamental es el respeto, la aceptación de las emociones y el acompañamiento en el descubrimiento de los propios sentimientos.

Hay que tener en cuenta que el porcentaje de personas homosexuales y transexuales suele mantenerse constante en las distintas sociedades, independientemente de la aceptación de la misma en el caso de la homosexualidad, que existen más datos, a lo largo de la historia. Por lo que no debemos forzar la expresión de la orientación sexual ni hacia un lado ni hacia otro. Es decir, no existe un tipo de educación que favorezca la aparición de atracción por el mismo sexo, ni tampoco nada que podamos hacer para evitarlo. Un exceso de "aceptación" puede ser también problemático. La educación es cada vez más diversa y hay muchos niños que desempeñan juegos y tareas que han sido típicamente femeninas y al revés, chicas que se interesan por deportes y juegos tradicionalmente varoniles. Esto no debe llevarnos a pensar que se sentirán atraídos en un futuro por personas de su mismo sexo. Si sobredimensionamos la importancia de esta conducta y le invitamos a expresarla de manera artificiosa, puede ser que estemos creando más confusión, que ayudando.

Debemos acompañar a nuestros hijos a través del fluir natural de sus sentimientos y emociones y enseñarles a acomodar estos a los órdenes sociales establecidos. De la misma manera que cuando un niño de dos años manipula sus partes íntimas en público, hay que enseñarle que es una cosa natural, pero que se hace en la intimidad, habrá que enseñarles que lo que sientan será respetado por vosotros, y enseñarle a protegerse de las reacciones sociales que puedan encontrarse.

Ainara Aguirre Narros - Psicóloga en Sevilla